¿Qué significa realmente escuchar al cuerpo?
Actualizado: hace 3 horas

Te doy la bienvenida a este espacio donde la ciencia, el yoga y la curiosidad se encuentran.
Por Mauricio Aguilera | Ciencia · Yoga · Presencia
¡Hola! Tenemos mucho de qué hablar.
Antes de comenzar, quiero darte la bienvenida a este espacio.
Si llegaste aquí porque te interesa el yoga, la fisioterapia, el movimiento, la ciencia o simplemente porque alguna vez te has preguntado por qué tu cuerpo hace cosas tan extrañas… estás en el lugar correcto.
Soy Mauricio Aguilera, fisioterapeuta y profesor de yoga, y he creado este espacio para compartir preguntas, descubrimientos, experiencias y conocimientos que nos ayuden a relacionarnos de otra manera con nuestro cuerpo.

Aquí hablaremos de anatomía sin necesidad de memorizar los 206 u 208 huesos del esqueleto. Exploraremos la biomecánica sin convertir cada movimiento en una ecuación imposible. Nos acercaremos a la filosofía del yoga sin perder nuestra capacidad de cuestionar, investigar y experimentar.
También hablaremos de descanso, respiración, naturaleza, emociones, fuerza, movilidad y de esas pequeñas cosas que hacemos todos los días sin detenernos a pensar en lo extraordinarias que son.
No pretendo tener todas las respuestas.
De hecho, una de las cosas que más disfruto de la ciencia es que una buena pregunta puede abrir muchas más.
Mi intención es que este sea un espacio donde podamos aprender con curiosidad, cuestionar con respeto y descubrir que comprender nuestro cuerpo puede ser tan fascinante como habitarlo.
Y para inaugurar nuestras conversaciones, quiero comenzar con una pregunta que atraviesa prácticamente todo mi trabajo:
¿Qué significa realmente escuchar al cuerpo?
Porque todos hemos escuchado esa frase.
Pero ¿alguna vez nos hemos detenido a pensar qué significa?
Si tu cuerpo tuviera WhatsApp…
Imagina que tu cuerpo pudiera enviarte mensajes.
A las 7:00 de la mañana recibirías uno de tu espalda:
-Oye, llevamos ocho horas en la misma posición.
A las 11:30, tu estómago escribiría:
-¿Vamos a comer o seguimos fingiendo que el café es desayuno?.
Y a las 6:00 de la tarde, tus hombros mandarían un audio de tres minutos quejándose de todo.
La buena noticia es que tu cuerpo ya se comunica contigo constantemente.
La noticia interesante es que no siempre sabemos interpretar lo que nos está diciendo.
Porque escuchar no es simplemente sentir. Y sentir no siempre significa comprender.
Aquí es donde la fisioterapia, las ciencias del movimiento y el yoga nos ofrecen perspectivas que vale la pena explorar.
Tu cuerpo tiene un GPS… y también un tablero de instrumentos
Hay dos conceptos fascinantes que nos ayudan a comprender cómo percibimos nuestro cuerpo: la propiocepción y la interocepción.
Empecemos con un pequeño experimento.
Cierra los ojos por un momento y lleva una mano hacia tu nariz.
¿Lo conseguiste?
¡Felicidades! Acabas de utilizar uno de los sistemas más extraordinarios de tu cuerpo, probablemente sin saberlo.
La propiocepción es la capacidad de percibir la posición y el movimiento de nuestras partes corporales sin necesidad de mirarlas.
Gracias a la información que llega desde músculos, tendones, articulaciones y otros receptores sensoriales, nuestro sistema nervioso puede estimar dónde están nuestras extremidades y cómo se están moviendo.
Es una especie de GPS corporal. Pero no trabaja solo. El cerebro también integra información de la visión y del sistema vestibular, relacionado con el equilibrio.
Por eso puedes caminar sin mirar tus pies, subir escaleras o bailar mientras conversas.
Ahora hagamos otro experimento.
Sin cambiar nada, observa tu respiración.
¿Es rápida o pausada? ¿Sientes hambre, sed, calor, cansancio? ¿Puedes notar los latidos de tu corazón?
Estas percepciones forman parte de la interocepción: la capacidad de percibir e interpretar señales relacionadas con el estado interno del organismo.
Si la propiocepción nos ayuda a reconocer dónde está nuestro cuerpo y cómo se mueve, la interocepción contribuye a reconocer cómo estamos por dentro.
Y ambas participan en algo fundamental: nuestra capacidad de responder al mundo.
Sin embargo, hay un detalle importante: ninguna de estas percepciones es infalible.
El cerebro interpreta las señales corporales utilizando experiencias previas, expectativas y el contexto. A veces podemos confundir sed con hambre, interpretar una sensación como amenazante cuando no lo es o no advertir el cansancio hasta que resulta evidente.
Escuchar al cuerpo es aprender a conversar con sus señales, no asumir que cada sensación cuenta toda la historia.
¿Y si tu cuerpo no estuviera hecho de piezas independientes?
Durante mucho tiempo hemos aprendido anatomía como si el cuerpo fuera un catálogo de partes.
El bíceps flexiona el codo. Los cuádriceps extienden la rodilla. Los abdominales estabilizan el tronco. Todo eso es útil, pero resulta insuficiente para comprender el movimiento real.
Porque cuando caminas, te agachas, lanzas una pelota o abrazas a alguien, no activas un músculo aislado como quien enciende un interruptor. Participan múltiples músculos, articulaciones y sistemas de control que coordinan fuerzas, tiempos y direcciones.
Desde distintas escuelas de fisioterapia se utilizan modelos de cadenas musculares o miofasciales para estudiar estas relaciones funcionales.
Y aquí entra un tejido que me parece particularmente interesante: la fascia.
La fascia es parte de una red de tejido conectivo que rodea, separa y conecta estructuras corporales. Participa en la transmisión de fuerzas y en la organización mecánica del movimiento, entre otras funciones.
Pero cuidado: eso no significa que todos los músculos formen una sola cadena que explique cualquier dolor, ni que podamos diagnosticar una lesión observando únicamente una postura.
Los modelos de cadenas son herramientas para analizar el movimiento; no leyes universales que determinen cómo debe funcionar cada cuerpo.
Pensemos en algo cotidiano.
Cuando recoges una mochila del suelo, tus tobillos, rodillas, caderas y columna participan de manera coordinada. La distribución del esfuerzo cambia según el peso, la velocidad, la distancia y tu experiencia.
No existe una única coreografía válida para todos.
El movimiento funcional no consiste en reproducir una forma perfecta, sino en desarrollar recursos para resolver las demandas de nuestra vida.
Y eso abre una posibilidad maravillosa: en lugar de preguntarnos solamente
¿estoy haciendo bien este movimiento?, podemos comenzar a preguntarnos ¿qué estrategias tengo disponibles para realizarlo?.
La naturaleza rara vez se mueve en líneas perfectamente rectas
Aquí es donde mi formación en fisioterapia encuentra un diálogo especialmente inspirador con las enseñanzas de mi maestra, Shiva Rea, creadora de Prana Vinyasa.
En su manual Fluid Power, Shiva explora las cualidades de un cuerpo fluido: movimiento rítmico, pulsante, circular, espiral, adaptable y creativo.
Su propuesta nos invita a observar el movimiento como algo vivo, no simplemente como una sucesión de posiciones estáticas.
Piensa en una ola.
No aparece de golpe en su forma final. Se organiza, crece, se desplaza, cambia y se transforma. En el cuerpo también encontramos movimientos ondulatorios y espirales: en la columna, en la coordinación de los brazos al caminar o en las rotaciones que acompañan muchas actividades cotidianas.
Desde la biomecánica podemos estudiar estos movimientos mediante articulaciones, fuerzas y coordinación neuromuscular.
Desde Prana Vinyasa podemos explorarlos como experiencias de ritmo, respiración y presencia.
Son lenguajes diferentes, y precisamente por eso su encuentro puede ser tan enriquecedor.
En yoga utilizamos la palabra sánscrita prāṇa, tradicionalmente relacionada con el aliento y la energía vital. No es un término equivalente a una magnitud fisiológica medible; pertenece a un marco filosófico y práctico diferente.
Vinyāsa hace referencia, en el contexto de la práctica, a la organización consciente de movimientos y transiciones.
Y āsana es la postura, aunque una práctica de yoga no tiene por qué reducirse a alcanzar una figura determinada.
Lo que más me inspira de la perspectiva de Shiva Rea es que nos invita a pasar de imponer una forma al cuerpo a descubrir cómo puede surgir el movimiento desde la experiencia.
No se trata de abandonar la técnica. Se trata de permitir que la técnica acompañe la exploración, en lugar de sustituirla.
Y este diálogo entre la ciencia y las tradiciones del movimiento será uno de los caminos que exploraremos en esta bitácora: no para afirmar que todos los conocimientos dicen lo mismo, sino para comprender qué puede enseñarnos cada perspectiva.
Escuchar al cuerpo también significa desarrollar capacidades
Ahora viene una parte importante.
A veces escuchamos frases como:
"Si te cuesta, no lo hagas".
"Si sientes esfuerzo, es porque tu cuerpo te está diciendo que pares".
"Solo haz lo que te resulte cómodo".
Aunque nacen de una intención de cuidado, pueden llevarnos a confundir el autocuidado con evitar cualquier desafío.
Y nuestro cuerpo necesita desafíos adecuados para adaptarse.
Desde la fisioterapia y las ciencias del ejercicio trabajamos con capacidades como:
Fuerza: producir y controlar fuerza para movernos y afrontar cargas.
Movilidad: explorar y controlar movimientos dentro de nuestras posibilidades.
Resistencia: sostener esfuerzos durante un tiempo.
Equilibrio y coordinación: organizar respuestas eficaces ante diferentes tareas.
Potencia: generar fuerza con rapidez cuando la actividad lo requiere.
Estas capacidades no son privilegio de atletas. Nos permiten cargar las compras, subir escaleras, jugar, bailar, caminar por superficies irregulares y conservar autonomía a lo largo de la vida.
Y se desarrollan mediante un principio esencial: la progresión.
Nuestro organismo puede adaptarse cuando recibe estímulos apropiados y dispone de recuperación suficiente.
Por ejemplo, si hoy puedes realizar cinco sentadillas cómodamente, quizá dentro de unas semanas puedas hacer ocho, aumentar ligeramente la carga o explorar una variante distinta.
Pero progresar no significa aumentar la dificultad todos los días.
También implica respetar la recuperación, adaptar el esfuerzo, variar los estímulos y reconocer que nuestra capacidad cambia según el sueño, el estrés, la salud y muchos otros factores.
En la tradición de secuenciación del yoga aparece un concepto especialmente valioso: krama, que podemos comprender como etapa, paso o progresión.
En vinyāsa krama, la práctica se construye mediante una secuencia con sentido, preparando el cuerpo y la atención para lo que sigue.
Desde la fisioterapia podemos encontrar una afinidad con la progresión del ejercicio: partir de una base, observar la respuesta y ajustar el siguiente desafío.
No son sistemas idénticos, pero ambos pueden recordarnos que no necesitamos llegar a la postura más compleja para que el proceso tenga valor.
La progresión no es una carrera hacia una versión superior de nosotros mismos.
Es una manera de ampliar nuestras posibilidades.
¿Y qué pasa con el dolor?
Esta es una de las preguntas más importantes cuando hablamos de escuchar al cuerpo.
El dolor es una experiencia real y merece atención.
Pero no funciona como un medidor exacto del daño en los tejidos.
La experiencia dolorosa está influida por múltiples factores: señales del sistema nervioso, contexto, experiencias anteriores, sueño, estrés, expectativas y condiciones de salud.
Eso no significa que el dolor sea imaginario. Significa que es complejo.
Tampoco quiere decir que debamos ignorarlo y continuar haciendo ejercicio sin importar lo que ocurra.
La clave está en aprender a distinguir entre el esfuerzo esperado de una actividad, una molestia tolerable que necesita ajustes y síntomas que requieren valoración profesional.
Una sensación nueva, intensa, progresiva o acompañada de pérdida de fuerza, alteraciones importantes de sensibilidad u otros signos preocupantes merece especial atención.
Escuchar al cuerpo no significa tenerle miedo al movimiento. Significa desarrollar criterios para decidir cuándo explorar, cuándo modificar, cuándo descansar y cuándo pedir ayuda.
Y sí, el dolor merece una conversación propia. Porque comprenderlo puede transformar profundamente nuestra manera de relacionarnos con el movimiento.Esta es una de las preguntas más importantes cuando hablamos de escuchar al cuerpo.
El dolor es una experiencia real y merece atención.
Pero no funciona como un medidor exacto del daño en los tejidos.
La experiencia dolorosa está influida por múltiples factores: señales del sistema nervioso, contexto, experiencias anteriores, sueño, estrés, expectativas y condiciones de salud.
Eso no significa que el dolor sea imaginario. Significa que es complejo.
Tampoco quiere decir que debamos ignorarlo y continuar haciendo ejercicio sin importar lo que ocurra.
La clave está en aprender a distinguir entre el esfuerzo esperado de una actividad, una molestia tolerable que necesita ajustes y síntomas que requieren valoración profesional.
Una sensación nueva, intensa, progresiva o acompañada de pérdida de fuerza, alteraciones importantes de sensibilidad u otros signos preocupantes merece especial atención.
Escuchar al cuerpo no significa tenerle miedo al movimiento. Significa desarrollar criterios para decidir cuándo explorar, cuándo modificar, cuándo descansar y cuándo pedir ayuda.
Y sí, el dolor merece una conversación propia. Porque comprenderlo puede transformar profundamente nuestra manera de relacionarnos con el movimiento.
Tu cuerpo no es el mismo todos los días. Y eso está bien.
Hay días en los que caminar veinte minutos resulta maravilloso.
Otros en los que tenemos ganas de bailar, practicar yoga, nadar o entrenar fuerza.
Y otros en los que necesitamos dormir, respirar tranquilamente, compartir tiempo con alguien querido o simplemente descansar.
Nuestra capacidad física y nuestra disposición emocional fluctúan.
El cuerpo responde a ciclos, experiencias, hábitos y circunstancias.
En la tradición del yoga encontramos la idea de svādhyāya, habitualmente traducida como autoestudio.
Me gusta pensar en ella como una invitación a observarnos sin convertir cada descubrimiento en un juicio.
No para clasificarnos como flexibles o rígidos, fuertes o débiles, disciplinados o perezosos.
Sino para preguntarnos:
¿Qué estoy experimentando?
¿Qué necesito aprender?
¿Qué puedo hacer hoy para acompañarme?
A veces la respuesta será descansar.
A veces será fortalecer.
Y a veces será descubrir que somos capaces de hacer algo que creíamos imposible.
Un experimento de tres minutos para comenzar a escucharte
No quiero que esta primera conversación termine únicamente con ideas interesantes.
Me gustaría invitarte a experimentar.
No necesitas tapete, ropa especial ni experiencia en yoga.
Primer minuto: observa
De pie o sentado, reconoce el contacto de tu cuerpo con el suelo o la silla.
Percibe tu respiración sin intentar corregirla.
Observa cómo te encuentras: ¿con energía, cansancio, tranquilidad, inquietud?
No necesitas cambiar nada.
Segundo minuto: explora
Si te resulta cómodo, comienza a mover lentamente los hombros, la columna o las caderas.
Prueba movimientos pequeños y circulares.
Cambia de dirección.
Explora una amplitud diferente.
Nota cómo se organiza el movimiento y si alguna variante resulta más cómoda que otra.
No fuerces rangos ni busques reproducir una forma ideal.
Tercer minuto: responde
Detente y pregúntate:
¿Qué descubrí?
¿Qué cambió en mi percepción?
¿Qué actividad sencilla podría acompañarme hoy?
Tal vez quieras salir a caminar, realizar algunos ejercicios de fuerza, practicar una secuencia suave de yoga o simplemente hacer una pausa.
No hay una respuesta correcta para todos.
Y ese es precisamente el punto.
Esta es apenas nuestra primera conversación
Si llegaste hasta aquí, gracias por compartir estos minutos conmigo.
Espero que esta primera entrada te haya permitido mirar tu cuerpo desde una perspectiva distinta. Quizá hayas descubierto un concepto nuevo, cuestionado alguna idea o simplemente prestado atención a una sensación que normalmente pasa inadvertida.
Cualquiera de esas posibilidades ya es un buen comienzo.
Este espacio nace de mi deseo de compartir lo que aprendo y experimento en el encuentro entre la fisioterapia, el yoga, la naturaleza y la vida cotidiana.
En las próximas entradas exploraremos preguntas sobre el movimiento, el dolor, la respiración, las capacidades físicas, la filosofía del yoga y las distintas maneras de cultivar bienestar.
Algunas conversaciones serán profundamente científicas. Otras nos llevarán hacia la historia, la filosofía o las experiencias personales.
Y seguramente habrá momentos para reírnos de nuestras propias contradicciones. Después de todo, somos organismos extraordinariamente sofisticados que a veces olvidamos respirar con tranquilidad cuando alguien tarda demasiado en responder un mensaje.
No quiero que esta bitácora sea un lugar donde encuentres instrucciones para convertirte en una persona perfecta.
Quiero que sea un espacio para descubrir posibilidades.
Para comprender mejor nuestro cuerpo sin perder la capacidad de sorprendernos.
Para cuestionar lo que creemos saber.
Y, sobre todo, para recordar que el movimiento no es solamente algo que hacemos durante una clase o una sesión de ejercicio.
El movimiento forma parte de nuestra manera de estar vivos.
Así que te invito a regresar, compartir tus preguntas y llevar estas reflexiones a tu propia experiencia.
Porque, al final, la conversación más importante no ocurre en esta pantalla.
Ocurre entre tú y tu cuerpo, cada día.
Bienvenido a este espacio.
Habita tu cuerpo. Explora tu movimiento.
Con cariño, Mauricio Aguilera
Este artículo tiene fines educativos y de autoconocimiento. No sustituye una evaluación fisioterapéutica o médica individual.
Inspiración y lecturas: Fluid Power Teacher Training, de Shiva Rea; conceptos de propiocepción, interocepción, fisiología del ejercicio, biomecánica y educación contemporánea sobre el dolor.
Bibliografía
1. Shiva Rea — Prana Vinyasa y movimiento fluido
Rea, S. (s. f.). Fluid Power: Prana Vinyasa Flow teacher training manual [Manual de formación].
2. José López Chicharro — Fisiología y bases del ejercicio
López Chicharro, J., & Fernández Vaquero, A. (2023). Fisiología del ejercicio (4.ª ed.). Editorial Médica Panamericana.
3. Carolyn Kisner — Fundamentos del ejercicio terapéutico
Kisner, C., Borstad, J., & Colby, L. A. (2023). Therapeutic exercise: Foundations and techniques (8th ed.). F. A. Davis Company.
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